domingo, 25 de junio de 2017


Les presento a Lennon



sábado, 10 de junio de 2017

Festival de poesía de San Isidro

 Biblioteca de San Isidro, provincia de Buenos Aires.











viernes, 9 de junio de 2017

DIARIO PÁGINA 12 DE HOY





LAS 12
09 de junio de 2017
visto y leido
El sonido del paisaje
El quinto libro de poesía de Valeria Pariso crea un paisaje sonoro hecho de interrogaciones, silencios y presagios.


Por Daniel Gigena



En los poemas del quinto libro de Valeria Pariso (Buenos Aires, 1970) hay varias preguntas. Aparecen, incluso, poemas-preguntas completos, interrogaciones que se entonan de inicio a fin, solitarias en el blanco de la página. “¿El corazón no aprende?” “¿Qué destino insiste/ en los cuerpos/ que alguna vez/ tuvieron luz?” “¿Quién nos quitará el don de la dureza?” La lectura de Triza insinúa que tal vez todos los poemas sean interrogaciones al mundo, al lenguaje y a los otros. “En Triza trabajé tres ejes: el olvido, el amor y la esperanza -cuenta la autora”. Pero esos ejes responden a un tema principal que es en realidad el tema que me interesó abordar: la ausencia. La ausencia tratada no de manera directa, sino como una niebla que sobrevuela el libro.” La referencia a la niebla señala una dirección elegida por Pariso: la naturaleza se vuelve solidaria de la voz poética. No hay ausencia sin entorno. Todo, desde el viento hasta las flores, pasando por el agua y las piedras, desaparece, se vuelve fragmento del olvido, “triza, polvo, nada/ un dato”. Algo que, en cierto sentido, activa de nuevo las preguntas: “¿Quién sabrá cuánto nos duele?”

Los poemas de Triza están numerados y suman 40. En el orden elegido, parecen contar una historia de abandono, desasosiego y recuperación, donde la ausencia se hace visible de diferentes modos. “No sé poner títulos” confiesa Pariso. De hecho, mis poemas no tienen título. No fui yo quien lo encontró, sino el poeta Diego Roel. Como diría la poeta Graciela Cros: ‘Tener amigos poetas salva el día’.” El poema, “hecho trizas”, se rehace en la lectura. Una de las estrategias más logradas para estrechar la ausencia es cuando la voz poética ordena (“Mirá:/ el tallo no sabe a qué agarrarse”), demanda (“Dame la piedad de la duda”) y se interpela: “A vos te hablo, corazón”. Las certezas caen y las formas del poema se aferran a lo posible: “en el poema/ cada palabra muerde/ con delicado fervor”. 
La voz del paisaje es una más en medio de las voces que cruzan el libro. “O un silencio más”, sugiere la autora. “Lo que escribo tiene mucho del entorno y eso siempre incluye al otro. Si incluye al otro, también incluye su ausencia. El otro es el espejo, hablar con otro es pensar con él”, agrega. “Me impresiona lo que pasa con la ausencia:/ cae inmensa como un cóndor,/ no hace ruido,/ se mezcla con el viento,/ y una vez que toca el suelo/ vuelve”, se lee en el poema 24. De esa mezcla entre voz y paisaje surge el tono, siempre más que humano, de los poemas: “Yo he cruzado con flores, con aullidos”. “Lo que irrumpe, lo que no se puede frenar, lo que sucede a pesar del orden de la naturaleza, que es terrible y hermoso. Triza profundiza sobre todo en el sonido del paisaje”, dice Pariso.

En Triza tres poemas que se parecen entre sí se distinguen del resto. Esos tres poemas, donde toman la voz un viejo, una chamana y otro anciano, “manos de piedra”, determinan los ejes temáticos: el olvido, la esperanza y el amor. “Por eso elegí la voz de esos personajes, para que haya un alto. Un poema distinto del resto puede ser raro, dos pueden desentonar, tres deben estar marcando algo. No puede haber tres poemas distintos del resto pero parecidos entre sí por casualidad.” En los tres se leen exhortaciones (“Han de creer en todo lo que nace/ en medio del desorden”) que operan casi como el reverso de los demás poemas y que parecen presagiar “la alegría por venir”.

El libro fue publicado por la editorial Detodoslosmares, un sello de Capilla del Monte, en las sierras de Córdoba, creado por Gerardo Coccio en 2013. “Es la segunda vez que edito fuera de Buenos Aires -apunta Pariso, que coordina un ciclo de lectura de poesía con vecinos en Bella Vista. Fue un placer trabajar con Gerardo. Estuvo atento a cada detalle del libro, a cada inquietud mía, y se respetaron los tiempos y las pautas planteadas desde el inicio. No es fácil publicar un libro hoy. Menos de poesía, porque la poesía tiene sus propios caminos. Pero estoy convencida de que la poesía corta la inercia en la que estamos metidos, nos permite reconocernos en una dimensión diferente del lenguaje, nos devuelve al lugar del asombro.” 

Triza
Valeria Pariso
Detodoslosmares



(fotos: cortesía de Karina Giglio)


jueves, 1 de junio de 2017


Primer día de junio: bienvenida la niebla a Muñiz.


miércoles, 31 de mayo de 2017

martes, 30 de mayo de 2017

26 de mayo


Mar de las pampas, sin turistas, sin wifi, sin señal de celular. Mayo, viento y frío. Un día en el paraíso.



lunes, 29 de mayo de 2017


Entonces el abrigo fue devuelto y las palabras abandonadas fuera de la casa. El cuerpo soportó la noche y el corazón sintió la caída, el irse del canto. Es verdad: en un tiempo bailaron sobre madera, nombraron las cosas por su nombre y se pusieron las ropas de las fiestas. Ya no. ¿Qué humillación insiste sobre el cansancio de los brazos abiertos?


sábado, 27 de mayo de 2017

Volver al mar















Triza en Emma Gunst



http://emmagunst.blogspot.com.ar/2017/05/valeria-pariso-4-poemas-4-de-triza.html

El Desagüadero, revista de poesía


Gracias, gente de El Desagüadero, por esta nota sobre la historia de un poema.

https://eldesaguaderorevista.blogspot.com.ar/2017/05/la-historia-de-un-poema-de-valeria.html



Javier Saleh: Cero sobre el nivel del mar, Paula levanta la persiana, Del otro lado de la noche y Triza


Una escritura que escribe desde su hecha trizas. Un título por ahora presagio de lo que ya se escribió. Un tópico dejavuense que vertebra una ausencia doliendo. Por eso el epígrafe de Inés Manzano con ese “tiembla” final. Acá todo se escribe desde el temblor como epicentro de una poética. Una escritura que lo intenta al igual que su tópico: el amor. Una escritura que al igual que el amor: insiste. Como un insomnio de lo que no llega todavía. Esta wislawa del amor narrado, del amor rematado, el amor y el poema de amor. Ve el fuego, sabe que es el fuego que quema con su manera de quemar, porque ya se quemó. Y pone las manos igual. Insiste. Un corpus poético hecho de pequeñas trizas que hacen la triza entera. Una historia de escritura que nace de haikus a la argentina, levantando banderas de la brevedad, y desde esa nada a nivel del mar se vislumbra una nueva ventana de asfixia, las persianas entrecerradas hacia el otro lado de la noche, donde la intimidad narrada, la claridad como un clavo en la pared negra, construyen la escritura con la escala Ritcher, a puro temblor. Pero también es un silencio de manos haciendo el dolor a un costado del terremoto. Apartándolo. Sacándolo sutil, acariciando con humor a la Sandrini o a la Marrone todo vestigio de sal, tierno humor acariciando una espera de primavera que nunca llega pero llega. No se quiere soltar del lenguaje, no se quiere soltar del dolor, tampoco de la sed. El cómo decirlo Beckettiano respira por donde otros trillan el amor sin salir indemnes. Sabe que lo que está diciendo es indecible, insiste y lo dice definiendo su indecir. La lectura está a la espera del quiebre. Hay una señal: su abuelo diciéndole “Cuidado conmigo”. Y ella seguramente cruzará todos esos fuegos.

Javier Saleh (Boedo, 1976) Escritor, periodista y poeta.



jueves, 25 de mayo de 2017

Recuerdo patrio
25 de mayo de 2014



miércoles, 24 de mayo de 2017


Hace dos meses terminé de escribir un libro que habla sobre la distancia. Lo escribí durante casi 5 años. Yo creía que escribía sobre el pasado, pero el viento cambió de dirección y puso en evidencia el poder profético de la poesía.



martes, 23 de mayo de 2017


Que alguien me hable del sueño sostenido en los brazos de la fiebre. Que me hable de caminar con el peso de un millón de piedras calizas para construir la casa en el desierto.  Que alguien me cante una canción de noche, la niña sigue viva. Que alguien me enseñe dónde está el guiño de Dios. Que alguien me diga que hay Dios. Que el sol me haga poner la mano sobre los ojos para ver las gotas que quedan después de la tristeza, sobre el pasto. 


lunes, 22 de mayo de 2017


En el instante en que el viento tiró los jarrones con agua, la mesa recién servida, la comida caliente de los años por venir, en fin, cuando el viento arrasó con la casa  y el cuerpo supo que a pesar de las noches sin dormir y de los días de amor, la memoria no se había formado, que la memoria era una materia blanda, un objeto débil, una masa infectada por la ambición y otros microorganismos poderosos, en ese instante, digo, mientras el viento  tiraba las flores de la casa, sobre la palma de mi mano, oh, casualidad, oh, milagro, se escribió la palabra injusticia.


domingo, 21 de mayo de 2017

"qué haré con el miedo"
Alejandra Pizarnik


Ayer, a las cuatro y media de la tarde,  vi la imagen de la tierra abierta para siempre. Me senté en un bar y lloré. Mis hermanas sostuvieron el consuelo con sus manos.  Mi madre habló del tiempo y otros materiales puros.  Ayer vi la imagen del desamor como un tren que arrasa sobre la sangre.  La imagen del desamor puesta a andar con la certeza de un destino que nos pertenece. Oh, la crueldad de los fuertes, de los hijos del viento. ¿Qué Dios me sostendrá de pie frente al precipicio y evitará que caiga? ¿Qué pájaro soportará mi peso inútil, triste, desesperado? Alguien ha tirado tierra sobre mi corazón. Todo lo sembrado se ha vuelto horrible. ¿Qué haré con las flores?




viernes, 19 de mayo de 2017

Amigos


Ellos, Karina Giglio, fotógrafa y César Jorge, músico, son mis compañeros del Ciclo de poesía. Quería traerlos hasta aquí para que los conozcan, porque los tres trabajamos a la par en el ciclo. Fuimos ex compañeros de secundaria. Una escuela pública, multitudinaria, del gran Buenos Aires. Éramos de tres cursos diferentes: César iba a quinto primera (el único curso de "franchute", los demás teníamos inglés); Karina iba a quinto quinta tropical (así le decían a ese quinto andá a saber por qué) y yo terminé en quinto segunda. 
Fijate vos, la escuela pública. Qué lazos construye, qué memoria deja.


Ciclo de poesía de Bella Vista. edición mayo 2017




jueves, 18 de mayo de 2017


Por piedad,
dejábamos las herramientas que nos pertenecían,
como se deja un ramo o un moisés,
y no mirábamos la luz,
y no tocábamos la tierra,
a pesar de tener
la sangre pidiéndonos trabajo,
el corazón pidiéndonos palabras
como se pide agua, o pan, o aire,
dejábamos las herramientas
que nos pertenecían,
la hierba iba creciendo sobre el óxido,
la helada iba creciendo sobre el óxido,
y todo era terrible y era hermoso,
tu forma de morir,
también la mía.





miércoles, 17 de mayo de 2017


Si se supiera,
tantas veces crecía un río
que cubría la mesa,
los pasillos de la casa,
cubría todo,
la cama,
la lámpara, los libros,
era imposible salir,
quedar a salvo,
crecía un río, como crecen
los dientes
de un animal feroz al mediodía,
crecía sin piedad,
y no importaba
que éramos buenos,
que éramos dóciles,
que éramos valientes,
crecía un río
y las manos sentían
la pulsión de la vida
pidiendo,
llorando,
todo el cuerpo chocaba
con las plantas acuáticas, nocturnas,
respirar se volvía
una catástrofe,
un pie fuera del barco,
una plegaria,
porque el agua subía,
sorda subía,
ciega subía,
queríamos decir y no,
queríamos saltar y no,
queríamos salir y no,
no,
nosotros
ay, nosotros,
que éramos buenos,
que éramos dóciles,
que éramos valientes,
mudos de las dos manos,
sosteníamos los helechos de agua,
las lentejas pequeñas
y las flores azules
de los camalotes.


lunes, 15 de mayo de 2017

sábado, 13 de mayo de 2017

Ciclo de poesía en Bella Vista

Mañana nos volvemos a ver, a las 17 horas, puntual.





viernes, 12 de mayo de 2017

Para leer juntos


He aquí mi otro blog: La ficción del olvido.





Desde pequeña, absoluta fascinación por las ventanas












Ayer, los de la municipalidad, vinieron a podar uno de los dos fresnos. Dejaron las ramas apiladas sobre la vereda, entre el tronco y el cesto de basura. Algunas tienen hojas verdes todavía. Es terrible, parece más árbol eso que quedó en el suelo que lo que permanece sostenido a las raíces.



miércoles, 10 de mayo de 2017

martes, 9 de mayo de 2017


En medio del vacío que me provoca la publicación de un libro, aparece la hermosura del ritual de preparar los sobres para llevar al correo, que hará que el libro tome un destino que no me pertenece.

lunes, 8 de mayo de 2017

Las fotos de Paz Villar

Gracias totales, Pachu, por las fotos!!!!




















Leer poesía hasta desordenar el cuarto propio.



domingo, 7 de mayo de 2017

Tercera tanda de fotos


Colaboración Claudia Gustinelli